OLORES EN EL AIRE
Volar es hoy algo habitual para gran parte de los ciudadanos europeos y más para los jóvenes. Las compañías de bajo coste han contribuido a ello enormemente.
En razón de sus ajustados precios, las compañías han suprimido la mayor parte de los servicios accesorios que era habitual ofrecer a sus viajeros. Entre ellos el suministro de bebidas y alimentos en vuelo, aún en los de varias horas de duración.
La ecuación es simple. No hay comidas gratis (Dícese así a las incluidas en el precio del billete) y la que ahora ofrecen de pago es mala y muy cara, pues… ¡Hay que buscarse la vida! Y cada uno se trae de casa, del comercio o del bar lo que más le apetece y conviene.
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Hay quien tiene bastante para matar la gana y el aburrimiento con un poco de chocolate o unas galletas que roer. Otros gustan de sandwiches tipo Rodilla o baguettes estilo Pans&Company y no se cortan. Y da gusto ver disfrutar a los poseedores de bocadillos caseros, de los de a diario, de tres palmos de pan con un poco de todo entre cubiertas, y que sin olvidar las olivas con hueso que son al tiempo alimento y entretenimiento. La diversidad cultural se manifiesta con la aparición de tremendos Kebabs rebosando vegetales y salsa entre las cubiertas de pan y los labios de su feliz propietario, También están los aficionados a los lácteos poliformes y plurisabores, que se pueden comer o sorber con elocuente sonoridad. Y qué decir de las naranjas y mandarinas, siempre frescas e intensas, esparciendo generosamente su aroma persistente varias filas adelante y atrás. Frutos secos, aperitivos y snacks, tostados y frecuentemente especiados, ofrecen fuertes contrastes en la gama de olores prisioneros en la limitada atmósfera de la cabina.
Los termos de café todavía no se han generalizado pero las petacas de whisky i otros destilados sí son frecuentes y curiosamente, en manos de los jóvenes, todas parecen llevar la misma fecha de caducidad: la hora de llegada al aeropuerto de destino.
¿Podrá convertirse el ambiente de un avión en algo parecido a aquellos viejos trenes en cuyos departamentos se iniciaron e intercambiaron tantas historias?. Seguramente no. Podrán llegar a oler igual pero establecer relación social con otros pasajeros, desde el nicho del incómodo y limitado asiento, se antoja algo más difícil que en aquellos compartimentos con inevitables cruces de miradas y roces de rodillas.

