Tango
También a mi gusta el tango, danza idónea para cuerpos jóvenes, corazones nostálgicos y almas apasionadas. El tango es permanente homenaje al amor que duele y cauce de una sensualidad desinhibida expresada con libertad y un punto de desesperación.
De raíz cuasi prostibularia, el tango fue ascendiendo hasta los más distinguidos salones, donde su compleja y artística escenografía disimulaba, justificándolo, el eterno pretexto del baile centrado en el abrazo de la pareja.
De ser más ágil, esbelto y elástico y de tener una pareja paciente, todavía intentaría aprender sus pasos para soñar con agitadas sesiones en cafetines nocturnos, esos escenarios improvisados de amores urgentes y apasionados donde el humo compite en su evanescencia con las juramentos eternos.
Pero el tango también puede gozarse como espectador oyente y vidente. Y algunos de sus poéticos versos enternecen, estimulan la añoranza y adornan sentimientos elevados como en los versos que Alfredo Le Pera compuso para Carlos Gardel en "El día que me quieras"
El día que me quieras
no habrá más que armonía.
Será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodías.
Y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor.
Florecerá la vida
no existirá el dolor.


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9 Octubre 2009 | 08:02 AM