Videojuegos y Coltán
¡Que desgracia! El videojuego anunciado retrasa su aparición y las consolas no han bajado el precio al nivel deseado. ¿Qué sucede? Dicen que la culpa la tiene un maldito mineral que proporciona componentes imprescindibles para la fabricación de semiconductores insustituibles en todo aparato electrónico (móviles, ordenadores, armas teledirigidas, satélites, aviones, consolas, etc.)
Ése mineral, el Coltán, designado materia prima estratégica por el Pentágono, es más codiciado que el oro porque de él se extrae la columbita y el tantalio. ¿Y cuánto vale el Kg. de Coltán? En origen aproximadamente 8 euros y la vida de dos niños de 7 a 10 años. El Coltán se extrae en profundas minas de difícil acceso donde los pequeños cuerpos de niños desnutridos pueden deslizarse mejor que nadie por galerías mínimas. Les pagan 25 céntimos de euro al día por su trabajo entre nubes de polvo y por eso tampoco importa demasiado que de vez en cuando lluvias torrenciales o desprendimientos los sepulten en la misma mina donde nadie se ocupará de rescatarlos. El "valor añadido" eleva el precio del Coltán en el mercado hasta los 300 euros.
¿Será posible? ¿Y dónde sucede todo eso? El Congo es el lugar con mayores yacimientos y donde multinacionales y traficantes, en compacto equipo, han podido extender sus redes criminales con mayor impunidad y beneficios. Aliándose con facciones locales y con el ejército de la vecina Ruanda controlan el territorio disfrazando e imponiendo su presencia mediante conflictos tribales provocados que han alcanzado en su haber una cifra de seis millones de muertos y cerca de un millón de desplazados.
Los beneficiarios de todo este montaje criminal son numerosos y seguramente por razón de complicidad, poco se oye sobre este drama. El Coltán genera enormes beneficios a sus operadores directos pero sus clientes, las empresas que lo utilizan en sus desarrollos (Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Motorota, Hewlett-Packard, Hitachi o IBM, entre otras) , son parte consciente de la trama y en última instancia también lo somos los consumidores del primer mundo que tenemos cosas más importantes de qué ocuparnos como legislar sobre las horas de paseo que se les debe garantizar a los perros domésticos.
Podemos estar tranquilos. Unos cuantos cadáveres más y fluirá de nuevo el Coltán que permitirá a nuestros jóvenes disfrutar de ése videojuego bélico de última generación. Los mayores, en inacabables tertulias radiofónicas y encendidos artículos de prensa, pondremos el grito en el cielo sobre los estímulos que alientan esos videojuegos y así ocuparemos el tiempo sin necesidad de atender a lo que estamos haciendo ahora mismo, sin remordimiento alguno, en el corazón de África.

